Juro a todo lo que sea poderoso que voy a destruir esta maldita plataforma. Otra entrada mía acaba de desaparecer al pinchar el botón “publicar”. Una hora de composición se destruyó gracias a qué se qué problema técnico con lacoctelera.com.

¿Quién supiera que hay más que unos vestigios del arte románico en la capital de Madrid? Sí, los muros y el alcázar que marcaban la época musulmana desaparecieron con el paso de tiempo y las fuerzas destructivas del fuego, pero la arquitectura madrileña va más allá de la contribución de los Austrias.

Gracias a las ponencias de los Profesores Ramón y Larrañaga, vamos aprendiendo que el marco de la iconografía santiaguera es la arquitectura románica, que surge en Francia pero luego se difunde por toda España medieval. Hasta ahora, hemos estudiado las preciosas catedrales de León y Santiago de Compostela, destino de peregrinaje y máximo marco románico para la iconografía de Santiago. Como aspecto práctico de nuestro estudio, la clase ha emprendido una búsqueda, pues, de muestras románicas en el centro de Madrid que puedan también contener iconografía asociada con el culto a Santiago.

En mi propia búsqueda, empecé con la antigua Iglesia de San Pedro, ubicada entre las calles Segovia, Nuncio y San Pedro. De la estación de metro Ópera, caminé hacia el sur –bajando, gracias a la topografía madrileña- hasta llegar a la calle de Nuncio y el portal de la Iglesia. También se puede llegar desde la línea 5, bajando en la parada de La Latina y caminando hacia el noroeste. Mi visita a la Iglesia implicaba el doble propósito de encontrar muestras del románico y buscar cualquier muestra iconográfica de Santiago o el Camino. Fracasé en un propósito y fui exitoso en el otro.

La torre de la Iglesia de San Pedro ocupa dos tercios de la altura de la estructura y es el único rasgo románico perteneciente a la Iglesia. Compuesta de ladrillo, los ventanales de su campanario reflejan el románico en sus arcos de medio punto, ya famosísimos para nosotros por las ponencias del Profesor Ramón. Según varias fuentes, mi “éxito” sólo puede denominarse un quasi-éxito ya que la torre supuestamente data al siglo XIV y refleja más bien el estilo mudéjar, a pesar de sus rasgos románicos. Aparte de los ventanales con arcos de medio punto, a mitad de su altura, la torre contiene ventanales hechos con arcos de herradura, estética musulmana y antes, visigoda. De todas formas, la torre me impresionó un montón ya que como norteamericano, las muestras de arquitectura civil tanto como religiosa, inclusive las más antiguas,, están en su infancia.

Entrando al recinto de la iglesia, pasé por el portal, ignorando a los dos mendigos-centinelas que ocupaban ambos lados de la entrada. Con mi cámara en mano, portando mi mochila y con la indumentaria de un viajero / aventurero no es para sorprender que el recinto entero se fijara en mi aspecto, preguntándose qué hacía allí un guiri que no se santiguaba, arrodillaba o entraba en el confesionario. Como protestante, siempre me he puesto incómodo en el interior de una iglesia católica, con sus adornos, ornamentación y elementos tan curiosamente ajenos a mi propia experiencia. A pesar de las miradas, continué con mi búsqueda y encontré una variedad de imágenes de Jesús (con la excepción del amabilísimo “Buddy Christ” de Dogma) y claro, la Santísima María. Además de la iconografía común, había un altar dedicado a San Pedro, puesto que la Iglesia lleva su nombre. Al lado de San Pedro, vi estatuillas de diversos tamaños que elogiaban a San Martín, Judas-Tadeo y hasta San Bernardo, que tenía su perro fiel a su lado. Mientras que la Iglesia de San Pedro sí parece mantener un culto a seres más allá de Jesús y María, no logré presenciar ni la más mínima referencia a Sant Yago, entre las muchas ventanas, rincones y escultura que vi por la neblina de incienso y las muchas mujeres mayores santiguándose. Salí sin ningún sentido de decepción porque había entrado por primera vez en una iglesia católica de comunidad y no un mero museo. Una torre mudéjar y un recinto ausente de iconografía no obstaculizaron un éxito más simple: haber presenciado un ritual común y corriente que forma parte de la tela cultural de Madrid.

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¿Sabías que hay una iglesia románica en el Retiro? Yo me enteré gracias al sabio Profesor Ramón y caminé las dos larguísimas cuadras desde mi portal al rincón noroeste del parque para verla. Existen apenas un portal y el apse a estas alturas de la historia, pero es una muestra auténtica del románico ¡y a apenas dos cuadras de mi piso! Sí, es un poquito kitsch pero me facilitó su uso como pieza ornamental en el Retiro ya que yace a poca distancia de donde vivo. Procedente de Ávila, fue comprado, desarmado y luego reconstruido en el Retiro a finales del siglo XIX

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